Considerada por los viajeros una de las mejores islas del mundo, Boracay encarna la imagen de la isla paradisíaca.

Su popularidad y el exceso de turistas obligó a las autoridades a cerrarla temporalmente al público el año pasado. Desde entonces, su acceso se ha restringido a un número limitado de visitantes diarios, que deben respectar una serie de normas estrictas.