La residencia de los reyes franceses es un verdadero espectáculo, desde que se atraviesan las vallas y se divisan los jardines, hasta que se recorren todas y cada una de las salas.

La joya de la visita es la Galerúa de los Espejos, una sala de 73 metros de longitud y 375 espejos donde se firmó el tratado que puso fin a la Primera Guerra Mundial.